Los Equipos de Protección Individual, que deben ser correctamente seleccionados y ser utilizados según las instrucciones del fabricante en perfecto estado, pueden ver afectada su capacidad de protección debido al paso del tiempo, al desgaste, condiciones de uso y ambientales, cuidados y almacenamiento inadecuados, por ejemplo.

Por ello, hablar de vida útil de un EPI no implica únicamente establecer un período de tiempo de meses o años y sustituirlo automáticamente cuando se alcanza. La realidad es más compleja y la duración de un EPI depende de factores como los relacionados con el propio equipo, las condiciones de uso y ambientales, la conservación del EPI y su mantenimiento.

La vida útil o el plazo de caducidad de un EPI, si puede determinarse, debe indicarse en la documentación suministrada por el fabricante. En caso de que no se pueda establecer de manera precisa, el fabricante debe brindar información que permita determinar un plazo razonable teniendo en cuenta factores como el almacenamiento, el uso, la limpieza, las revisiones y el mantenimiento.

Por tanto, no nos deberíamos preguntar únicamente los años que tiene el EPI, por ejemplo, sino también si dicho equipo sigue brindando el mismo nivel de protección para el que ha sido seleccionado.

Vida útil y caducidad no son lo mismo

Habitualmente, en la gestión de los EPI, se suele confundir o utilizar como sinónimos los conceptos de vida útil y fecha de caducidad, cuando estos términos no significan exactamente lo mismo.

Por un lado, el plazo de caducidad hace referencia, en determinados equipos, al periodo establecido por el fabricante durante el cual el EPI mantiene sus prestaciones, teniendo en cuenta condiciones establecidas.

Por otro lado, la vida útil, está mucho más vinculada a las condiciones reales de utilización, las condiciones ambientales, limpieza, mantenimiento y almacenamiento reales, etc.

Un claro ejemplo se puede encontrar en el calzado de seguridad. Un ejemplo muy claro lo encontramos en el calzado de seguridad. Según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) en su NTP 773, se indica que la fecha se refiere al calzado sin utilizar, conservado en su embalaje original y bajo las condiciones indicadas por el fabricante, mientras que la vida útil, por el contrario, depende de del uso, las condiciones ambientales de trabajo, mantenimiento, etc., y no puede determinarse previamente de forma general.

Esto implica que dos EPI exactamente iguales pueden tener vidas útiles muy diferentes. Por ejemplo, si un equipo se utiliza durante horas todos los días en un ambiente agresivo se desgastará mucho más que otro que se utilice ocasionalmente y en condiciones más favorables.

Por tanto, indicar una fecha no sustituye que el equipo no se deba revisar e inspeccionar, a no ser que dicha fecha haya sido específicamente establecida por el fabricante y así se indique. En tal caso, el EPI deberá ser retirado en el momento en que se supere dicha fecha, incluso aunque nunca haya sido utilizado.

¿Cómo se determina la duración de un EPI?

La duración del EPI viene reflejada en el folleto informativo y/o en las instrucciones que suministra el fabricante.

El Reglamento (UE) 2016/425 establece requisitos sobre la información que debe acompañar al EPI y requiere que, cuando el envejecimiento pueda afectar significativamente a sus prestaciones, se indique de la fecha de fabricación y, cuando sea posible, de la fecha de caducidad.

En caso de que el fabricante no pueda garantizar una fecha de duración determinada, debe brindar información que permita establecer un plazo razonable de tiempo.

Esto muy importante porque realmente no existe una fecha de caducidad universal para todos los EPI. Por ejemplo, no se puede afirmar que todos los cascos duran tres años, o que todos los arneses duran cinco años.

Dicha  duración debe establecerse de acuerdo con las características concretas del equipo, las instrucciones del fabricante y múltiples factores, como ya se ha comentado. A continuación, se muestran algunos ejemplos:

  • Condiciones de uso: Es uno de los factores más importantes. Dicha utilización inevitablemente va a producir un desgaste, que estará influido por la frecuencia, y el modo de uso, entre otros aspectos.

Por ejemplo, un EPI sometido a una tarea de trabajo que requiera un uso intensivo puede estar expuesto a un mayor número de ciclos mecánicos, rozamientos, golpes, contaminantes, procesos de limpieza, etc.

  • Condiciones ambientales del entorno de trabajo: La humedad, las temperaturas extremas, la radiación ultravioleta, el uso de productos químicos, el polvo, suciedad, la presencia de maquinaria, riesgos mecánicos, etc., pueden acelerar también el deterioro del EPI.
  • Incidentes: También se pueden producir situaciones, como accidentes, caídas, impactos, derrames de líquidos, etc., que puedan afectar a las prestaciones del EPI y, por consiguiente, a su vida útil a partir de ese momento.
  • Mantenimiento: Otro factor importante para la vida útil de un EPI es el mantenimiento. Es fundamental que se lleve a cabo según las instrucciones del fabricante. No obstante, si no se lleva a cabo un mantenimiento, y cuidados como la limpieza, correctos se puede afectar a las prestaciones de protección del equipo y a su vida útil. Por ejemplo, no utilizar productos de limpieza adecuados o no seguir los procedimientos de mantenimiento pueden perjudicar las prestaciones del equipo.

Asimismo, debido a la intensidad del uso, se puede requerir que el EPI se someta a más ciclos de limpieza con mayor frecuencia, lo que también afectará a su vida útil.

Por tanto, no debería gestionarse de la misma manera un EPI utilizado diariamente durante toda la jornada que otro empleado ocasionalmente.

  • Almacenamiento: Otro aspecto fundamental es el almacenaje, que puede alargar o acortar la vida útil de un equipo si se realiza o no según las instrucciones del fabricante, conservando o no, obviamente sus prestaciones función de estas situaciones.

Los EPI se deben almacenar según las instrucciones del fabricante y protegidos de agentes que puedan deteriorarlos como:

    • Radiación solar y/o ultravioleta.
    • Condiciones térmicas (calor o frío).
    • Humedad.
    • Productos químicos, contaminantes, etc.

Gestión de la vida útil del EPI

Gestionar la vida útil de los EPI no consiste en seguir únicamente un calendario para sustituir un EPI. Es necesario combinar diferentes factores, criterios y acciones, como por ejemplo las siguientes:

  • Instrucciones del fabricante: Las instrucciones del fabricante siempre son el punto de partida para conocer todas las características del EPI, sus condiciones de uso, almacenamiento, mantenimiento, revisión y, cuando corresponda, la caducidad y/o vida útil.
  • Estado real del equipo: Un EPI deteriorado debe retirarse aunque todavía no haya alcanzado su fecha prevista. Para ello, en muchos casos se recomienda llevar a cabo una inspección previa al uso según lo que indique el fabricante para, precisamente, comprobar dicho estado.
  • Uso del EPI: Es esencial llevar a cabo una utilización del EPI según las instrucciones del fabricante, así como las condiciones y limitaciones de uso que se establezcan. También es fundamental tener en cuenta la tarea de trabajo a realizar, y la correspondiente intensidad, frecuencia y tiempo de utilización.
  • Condiciones ambientales del entorno de trabajo: Hay que conocer y tener en cuenta las condiciones ambientales del entorno de trabajo, como la temperatura, humedad, radiación, sustancias químicas, suciedad, polvo, etc.
  • Mantenimiento y limpieza: Para preservar la vida útil del EPI también es esencial seguir estrictamente las instrucciones y procedimientos de limpieza y mantenimiento que establezca el fabricante.
  • Revisiones e inspecciones: Las revisiones e inspecciones constituyen una de las herramientas fundamentales para saber si un equipo continua siendo apto para su uso.

No es suficiente con comprobar que el EPI aparente estar bien. La revisión se debe centrar en los elementos que puedan afectar a la capacidad protectora del equipo. Algunos ejemplos pueden ser la detección de grietas, roturas, deformaciones, piezas sueltas, piezas sueltas, contaminación, etc.

Cualquier signo que pueda generar dudas sobre la eficacia del EPI puede justificar la retirada inmediata del mismo, debiendo sustituirse por otro nuevo.

No obstante, también el EPI se puede reparar, siempre las entidades y/o personas que establezca el fabricante según sus instrucciones y procedimientos. Además, es muy importante destacar que la reparación no siempre implica ampliar la vida útil.

Estas revisiones e inspecciones se deben llevar a cabo previamente al uso, en la frecuencia establecida por el fabricante, así como tras incidentes en las que se haya podido comprometer la integridad del equipo o éste haya sufrido modificaciones. Por ejemplo, en EPI cuya integridad resulta crítica para la seguridad, como los EPI anticaídas, llevar a cabo unas revisiones regulares según indique el fabricante es vital.

  • Trazabilidad del estado del EPI: Registrar la información relevante sobre el estado del EPI a lo largo de su vida útil permite tomar decisiones basadas en datos y no únicamente en apreciaciones subjetivas.

Instituciones como el INSST recomiendan mantener una ficha del EPI que permita realizar el seguimiento del equipo, incluyendo datos como, por ejemplo, del fabricante, modelo, número de lote o serie, fecha de fabricación, fecha de compra, fecha de puesta en servicio, frecuencia de utilización, fecha de caducidad e historial de revisiones y reparaciones. Además de saber cuándo se adquirió un EPI, es necesario saber cuándo se puso en servicio, cuánto se utiliza, qué revisiones ha recibido y qué incidencias ha sufrido.

Por todos estos factores, la vida útil tampoco debe entenderse como un permiso para seguir utilizando un EPI hasta alcanzar una fecha determinada.

Conclusión: Un EPI no se sustituye únicamente por el paso del tiempo

La edad de un EPI es un factor que debe tenerse en cuenta, pero por sí sola no constituye un criterio universal de sustitución.

La pregunta fundamental que nos podemos plantear es si el equipo continúa siendo apto para proporcionar la protección necesaria en las condiciones reales de trabajo.

Por tanto, la gestión de la vida útil de un EPI debe entenderse como un proceso continuo de vigilancia y no como una cuenta atrás.

Un EPI no protege por cumplir con la legislación, llevar su marcado CE, por ser relativamente nuevo, no haber alcanzado aún una fecha determinada. Protege porque mantiene sus prestaciones intactas, aquellas necesarias para protegernos contra un riesgo, protege porque se encuentra en buen estado, se utiliza correctamente, y se mantiene, cuida y almacena según las instrucciones del fabricante.

En definitiva, la vida útil de un EPI termina cuando deja de brindar garantías de protección. Y ese momento puede llegar antes o después de lo que se podría imaginar. Por ello, más que preguntarnos cuánto tiempo tiene el EPI, nos deberíamos preguntar si protege como debe, y esa es la media de su vida útil.