Como se lleva evidenciando en la última década, las olas de calor con temperaturas extremas desgraciadamente ya no son un fenómeno excepcional. En España y una parte importante del resto de Europa, áreas en las que el cambio climático está afectando con intensidad, los episodios de temperaturas extremas son cada vez más frecuentes y prolongados en el tiempo, por lo que las empresas se están obligando a replantear su política y gestión de la prevención de riesgos laborales para adaptarse a esta realidad durante los meses de verano.

El calor constituye un riesgo térmico que puede provocar deshidratación, agotamiento, síncopes, calambres musculares y golpes de calor con consecuencias graves e incluso la muerte. Para muchos prevencionistas y responsables de la salud y la seguridad en el trabajo, los riesgos derivados del estrés térmico motivado de la exposición al calor de la canícula constituyen un desafío considerable y el más inmediato.

Además, en múltiples sectores como la construcción, la industria metalúrgica, el sector energético, el mantenimiento de infraestructuras, la logística, la agricultura, la minería o los trabajos en altura, siguen estando presente otros riesgos que a su vez suelen requerir el uso continuado de EPI como, por ejemplo, cascos, arneses, calzado de seguridad, guantes o ropa de protección que, siendo imprescindibles para la seguridad, y que pueden ser una fuente de aumento de la carga térmica del organismo.

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) indica que en la evaluación del estrés térmico se debe considerar, además de las condiciones ambientales, la tarea y el esfuerzo físico, el aislamiento térmico que brindan los equipos de protección individual. Por lo que una correcta selección del EPI es vital para prevenir el riesgo de sufrir trastornos relacionados con el calor.

Frente a esta problemática, la industria de los EPI ha evolucionado notablemente durante la última década. Los fabricantes no solo diseñan equipos más seguros, sino también más ligeros, ergonómicos, transpirables e incluso inteligentes, capaces de reducir la carga térmica sin comprometer la seguridad de la persona que los utiliza.

Los EPI forman parte de la solución

Uno de los mitos que existe en el ámbito laboral consiste en que el EPI aumenta la sensación de calor y, por tanto, debería utilizarse lo mínimo posible. Pero este mito no puede estar más alejado de la realidad.

La normativa europea y española sobre equipos de protección individual y la legislación preventiva establece que un EPI debe utilizarse cuando exista un riesgo que no pueda eliminarse mediante medidas de protección colectiva, técnicas u organizativas. Es decir, una persona que lleva a cabo tareas en cubierta va a seguir necesitando un arnés anticaídas, ya sea la temperatura ambiental de 20 o 40 grados, u otra que vaya a realizar trabajos con sustancias químicas no va a poder prescindir de su vestuario de protección, por ejemplo.

La solución no es eliminar un EPI que se ha determinado como necesario para la protección de la persona (sería una temeridad con funestas consecuencias), sino seleccionar el que sea más adecuado para las condiciones ambientales en las que se va a realizar la tarea, y aprovechar los avances tecnológicos disponibles para minimizar el estrés térmico.

Materiales más ligeros y tejidos inteligentes

Uno de los avances tecnológicos destacados en los EPI se ha producido en la propia fabricación de las prendas de protección. Cada vez más, la industria del EPI tiene como aspectos esenciales en el diseño de sus productos la ergonomía y el confort, sin comprometer la seguridad.

Se utilizan tejidos técnicos que combinan protección con una elevada capacidad de evacuación del calor y humedad.

Las fibras sintéticas de nueva generación transportan el sudor hacia la superficie exterior de la prenda, evaporándose así con mayor rapidez, disminuyendo la sensación de calor. Si a esto sumamos tejidos elásticos de bajo gramaje para mejorar la movilidad, se disminuye el esfuerzo físico necesario para llevar a cabo las tareas laborales.

En prendas como las utilizadas contra arco eléctrico o fuego, también se han optimizado las estructuras multicapa para reducir el aislamiento térmico sin disminuir el nivel de seguridad exigido por la normativa europea.

Materiales de cambio de fase: tecnología que absorbe el calor

Entre las innovaciones más interesantes destacan las microcápsulas de materiales de cambio de fase (PCM).

El funcionamiento de estos materiales es el siguiente: cuando la temperatura corporal aumenta, estos materiales absorben parte del calor al cambiar de estado físico, almacenando energía térmica sin aumentar significativamente su temperatura. Una vez el ambiente se enfría, liberan lentamente el calor acumulado.

Estos materiales se pueden incorporar en chalecos refrigerantes, prendas técnicas o elementos acolchados en determinados EPI para ayudar a estabilizar la temperatura corporal de la persona durante períodos de tiempo limitado.

Aunque no sustituyen otras medidas preventivas, muchos fabricantes ya están utilizando esta tecnología en equipos de protección individual para bomberos, servicios de emergencia o trabajos en condiciones de altas temperaturas.

Refrigeración en cascos de protección

Al igual que la ropa de protección, los equipos de protección de la cabeza también han experimentado una evolución notable en la mejora del confort térmico.

En la actualidad, los cascos de protección incorporan diseños que favorecen la circulación de aire mediante canales de ventilación, así como suspensiones que mantienen una cámara de aire entre la cabeza y la carcasa. Dicha separación reduce la transmisión directa de calor y mejora el confort durante jornadas prolongadas de trabajo.

También se suelen utilizan materiales plásticos con menor absorción térmica y acabados con colores claros, que pueden reflejar mayor radiación solar.

Algunos fabricantes también han desarrollado cascos con accesorios textiles altamente transpirables, como bandas antisudor técnicas y sistemas compatibles con protectores de cuello contra radiación ultravioleta.

Estas mejoras contribuyen significativamente a disminuir la sensación de calor de la persona en el desarrollo de su actividad laboral.

Chalecos refrigerantes: mucho más que un accesorio

Actualmente, los chalecos refrigerantes se están utilizando cada vez más, dejando de ser un producto exclusivo de los servicios de emergencia, utilizándose cada vez más en sectores como la construcción, industria o mantenimiento ferroviario.

Se pueden encontrar diferentes soluciones tecnológicas. Por ejemplo, los modelos evaporativos aprovechan el calor consumido en la evaporación del agua para producir un efecto refrigerante, o los modelos de chalecos con microcápsulas de materiales de cambio de fase para absorber calor corporal.

También existen sistemas de circulación de agua refrigerada que se emplean en actividades específicas en las que la persona permanece conectada a una unidad de refrigeración.

Como último ejemplo, se están empezando a desarrollar sistemas activos con baterías que impulsan pequeños ventiladores o mecanismos de refrigeración localizada.

La selección de estas prendas, como en el resto, dependerá del riesgo, la persona, el tipo de actividad, tiempo de utilización y condiciones ambientales, entre otros, pero, no obstante, todos estos equipos coinciden en su objetivo: reducir la carga fisiológica y térmica sin interferir en la movilidad y en la seguridad.

Guantes y calzado

En muchas ocasiones, este tipo de EPI pasa desapercibido en cuanto a su contribución al incremento de la temperatura de la persona que los lleva, cuando realmente representan una parte significativa en el aislamiento térmico del cuerpo.

Las manos y los pies tienen una alta concentración de terminaciones nerviosas y vasos sanguíneos y cuando esas zonas están expuestas a calor, se aumenta la sensación de incomodidad.

En los guantes de protección, muchos fabricantes han desarrollado recubrimientos microporosos que, preservando la protección mecánica, mejoran la ventilación.

También se utilizan tejidos de punto técnico ultraligeros y fibras de alta resistencia, que permiten fabricar guantes muy finos con elevados niveles de protección contra el corte.

En el caso del calzado de seguridad, la sustitución progresiva de punteras metálicas por materiales más ligeros, pero efectivos en la protección, ayuda a reducir tanto el peso como el confort térmico. Además, los empeines de textiles técnicos, plantillas con canales de ventilación y forros de secado rápido brindan una mejora significativa en la comodidad térmica durante el verano.

Arneses más ergonómicos

Los trabajos en altura son uno de los entornos laborales en los que las condiciones ambientales tienen mayor impacto, y por tanto donde más inciden las olas de calor extremo.

La exposición directa al sol de la persona, su esfuerzo físico y el uso permanente del arnés, puede aumentar considerablemente la fatiga.

Frente a esta problemática, los fabricantes llevan a cabo diseños más ergonómicos con mejor distribución de cargas y reduciendo la superficie de contacto con el cuerpo.

Asimismo, la utilización de acolchados perforados, espumas, cintas más estrechas de alta resistencia y materiales hidrofóbicos ayudan a mejorar la ventilación sin afectar a las prestaciones del equipo.

Los fabricantes también han conseguido reducir el peso de los arneses anticaídas, disminuyendo el esfuerzo de la persona que los utiliza durante su jornada laboral.

EPI inteligentes

Una de las innovaciones más prometedoras en la mejora del confort térmico son los EPI inteligentes. Se están desarrollando soluciones para incorporar a los equipos de protección sensores electrónicos integrados en los equipos de protección.

Los EPI inteligentes que acabaran incorporando esta tecnología podrían monitorizar variables fisiológicas como la temperatura corporal, la frecuencia cardíaca o el nivel de actividad de la persona. En caso de que determinados parámetros superaran ciertos umbrales, el sistema podría generar alertas dirigidas tanto a la persona que está utilizando el EPI como a los o las responsables de la seguridad en su centro de trabajo.

La aplicación de estas tecnologías podría resultar especialmente útil en trabajos aislados, en espacios confinados o en actividades desarrolladas bajo condiciones ambientales extremas.

Conclusión

En el contexto actual y futuro, marcado por el cambio climático y el aumento de episodios de calor extremo, la prevención de riesgos laborales tiene la obligación de evolucionar para dar una respuesta a esta realidad. Los equipos de protección individual forman parte esencial de la prevención de riesgos laborales y tampoco pueden ser ajenos a esta situación. Por ello, desde hace años, los fabricantes están incorporando materiales más ligeros, tejidos inteligentes, sistemas de refrigeración y monitorización que contribuyen a reducir la carga térmica sin comprometer la protección contra los demás riesgos.

No obstante, es importante tener en cuenta que estos avances tecnológicos y de diseño son un complemento de la acción preventiva y no un sustituto de las medidas preventivas que la empresa debe llevar a cabo para combatir el calor extremo. Una adecuada selección de los EPI, evaluación del estrés térmico, planificación del trabajo, establecer pausas para la hidratación y recuperación, aclimatación y formación del personal, son ejemplos de medidas fundamentales para prevenir los efectos del calor.

El avance y futuro de los EPI pasa por unos equipos cada vez más ergonómicos, conectados e inteligentes, capaces de adaptarse tanto a las necesidades de la persona como a las condiciones ambientales, la tarea de trabajo, los riesgos, etc. Sin embargo, el verdadero avance no consiste únicamente en incorporar nuevas tecnologías, sino en adoptar una visión integral de la prevención que considere el confort térmico como un factor esencial para la seguridad. Proteger a una persona contra riesgos como una caída, arco eléctrico o productos químicos también implica protegerla contra el calor extremo. Combinando innovación, planificación preventiva, correcta selección de los EPI y una adecuada gestión de los riesgos se puede llegar a garantizar entornos de trabajo cada vez más seguros, saludables y resilientes ante los desafíos que plantea el cambio climático.

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