Los equipos de protección individual (EPI) son dispositivos destinados a ser llevados o sujetados por la persona que los va a utilizar para protegerla contra uno o varios riesgos que amenacen su seguridad o salud durante su actividad laboral que no se pueden eliminar mediante medidas de prevención técnicas, organizativas, de protección colectiva, etc.
Por ello, los EPI constituyen la última barrera de protección contra numerosos riesgos presentes en el entorno de trabajo. Es cierto que, aunque las empresas invierten cada vez más en proporcionar equipos de mejor y la formación de su personal, todavía perviven falsas creencias que provocan que muchas personas no utilicen de manera correcta los EPI, o incluso no lleguen ni a utilizarlos.
Esta situación genera preocupación en el mundo preventivo. Una parte importante de accidentes laborales se podría minimizar o evitar si los EPI se utilizaran de manera correcta. Organismos como el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA) y la Occupational Safety and Health Administration (OSHA), coinciden en que los equipos de protección individual únicamente son eficaces cuando se utilizan correctamente y durante toda la exposición al riesgo.
Los EPI comercializados en Europa deben cumplir los requisitos esenciales de seguridad y salud del Reglamento (EU) 2016/425. Para ello, los fabricantes de EPI fabrican y ensayan sus equipos para garantizar que brinden protección en unas determinadas condiciones de uso, cumpliendo con dicho Reglamento. Un uso incorrecto de dichos equipos entra fuera del uso previsto por el fabricante para el que los EPI han sido ensayados, por lo que se entra en un territorio desconocido en el que no existe garantía de que el EPI vaya a brindar la protección deseada.
Además, existen diferentes estudios en los que se muestran las razones que se esgrimen en muchas ocasiones para no utilizar los EPI. Dichos estudios muestran que dichos motivos, mitos o excusas, como queramos llamarlos, siguen siendo prácticamente los mismos desde hace años: incomodidad, exceso de confianza, percepción de bajo riesgo y ajuste incorrecto del equipo.
Ante esta problemática, las empresas y en concreto las personas responsables de llevar a cabo las acciones preventivas se enfrentan a un desafío constante: lograr que el personal utilice los EPI adecuados de manera correcta y sistemática.
Según diversos estudios, un porcentaje significativo de empresas tiene dificultades para que su personal siga los protocolos de utilización correcta de los EPI. En este artículo, se van a mostrar aquellos mitos más frecuentes.
Mitos para no utilizar correctamente los EPI
Existen multitud de mitos o excusas para no utilizar los EPI. Algunos de los más frecuentes son los siguientes:
Mito 1. «Los EPI son caros»
Existe la creencia que los Equipos de Protección Individual tienen un coste elevado. Un Equipo de Protección Individual es un equipo diseñado y fabricado específicamente para proteger de un riesgo, y por ello son equipos en los que los fabricantes invierten en innovación tecnológica y en materiales de primera calidad para poder suministrar un equipo de calidad, seguro y que cumpla con los requisitos esenciales del Reglamento (UE) 2016/425 sobre EPI. Para ello se someten a los ensayos más exigentes llevados a cabo por laboratorios homologados por la Unión Europea (Organismos Notificados).
Además de toda la inversión que los fabricantes destinan a los EPI, también es muy importante recordar otro factor determinante para desmontar este mito: el coste económico para una empresa de los accidentes laborales es muy elevado, además del coste más importante: la salud y vidas humanas. Además de los costes económicos y del sufrimiento por las consecuencias de los accidentes para la salud o incluso la pérdida de una vida, las empresas también se pueden enfrentar a duras sanciones económicas y penales para los responsables si no se están proporcionando los EPI adecuados.
Por tanto, adquirir un EPI seguro, conforme con la ley y bien seleccionado permite evitar accidentes, pérdidas económicas, consecuencias legales y lo más importante, la salud y vida de las personas.
Mito 2. «Solo será un momento»
Este mito es uno de los más repetidos en múltiples sectores. En muchas ocasiones se considera que no merece la pena utilizar un EPI para realizar una tarea de pocos minutos. Sin embargo, los accidentes laborales pueden producirse en cualquier momento. No avisan ni esperan a que termine el trabajo.
Por ejemplo, riesgos como proyección de partículas, caída de objetos o salpicaduras de líquidos pueden producirse en cuestión de segundos.
El tiempo de exposición al riesgo comienza desde el primer instante que se comienza la tarea que lo pueda producir. Por tanto, los EPI deben mantenerse durante toda la tarea, aunque sólo dure pocos minutos.
Mito 3. «Nunca me ha pasado nada»
Que no se hayan producido accidentes previamente no implica que el riesgo no exista.
Al pasar el tiempo sin accidentes, es normal que se tenga una falsa sensación de seguridad que se conoce como normalización del riesgo. Cuanto se repite una tarea sin incidentes, menos peligro se cree que existe.
Pero, sin embargo, el riesgo está ahí presente exactamente igual.
Obviamente, la experiencia ayuda a trabajar mejor, pero no debe sustituir en ningún caso el uso de los equipos de protección individual.
Mito 4. «Los EPI son incómodos»
Otro mito muy frecuente es la supuesta incomodidad de los equipos de protección individual.
Este mito es uno de los mayores obstáculos para mejorar el cumplimiento del uso de EPI, según estudios recientes llevados a cabo por entidades especializadas en la prevención.
Afortunadamente, la constante mejora tecnológica de los EPI está permitiendo desarrollar equipos mucho más ligeros, ergonómicos y adaptados al riesgo, la persona, tarea y entorno laboral.
Cuando una persona considera incómodo un EPI, habitualmente las causas pueden ser las siguientes:
- La talla no es la adecuada para las características físicas y fisiológicas de la persona.
- El modelo no es adecuado para el género de la persona. Por ejemplo, en ocasiones a las mujeres se les suministra ropa de protección para hombres de menor talla.
- El equipo no está correctamente ajustado.
- El modelo no es adecuado para la tarea.
Una buena selección de los EPI adecuados al riesgo, persona, tarea, entorno de trabajo, etc., pasando por un correcto ajuste y una formación adecuada sobre el uso de los equipos es esencial, junto con los avances tecnológicos, para conseguir la utilización de EPI cada vez más cómodos y ergonómicos.
Mito 5. «Mi EPI no me queda bien»
En ocasiones las personas no suelen encontrar los EPI un equipo atractivo para llevar, como suele ocurrir con las gafas, la ropa y el calzado de protección. No suelen ver estos equipos atractivos para llevarlos puestos, provocando un mal ajuste, con la consecuente falta de comodidad, reducción de su capacidad protectora o, en última instancia, directamente no utilizar el equipo.
Actualmente, los fabricantes ofrecen productos cada vez más atractivos, cómodos y ergonómicos para que las personas perciban que un EPI es un aliado y un complemento que puede ser agradable de llevar. En el mercado existen diferentes tallas, diseños ergonómicos y modelos específicos que permiten mejorar considerablemente el aspecto y confort sin renunciar a la protección.
Al igual con el mito relacionado con la incomodidad, es vital llevar a cabo una selección, en este aspecto, enfocada en la persona, considerando a ésta, el centro del EPI, teniendo en cuenta sus características físicas, fisiológicas, de género, y haciéndola partícipe del proceso de selección del EPI.
Mito 6. «Tengo experiencia suficiente»
Los trabajadores y las trabajadoras con muchos años de experiencia suelen conocer perfectamente los riesgos de su actividad. Precisamente por eso en muchos casos se puede caer en un exceso de confianza.
Muchos accidentes graves se producen precisamente durante tareas rutinarias llevadas a cabo por profesionales experimentados que, confiando en su habilidad, toman la decisión de prescindir de utilizar equipos de protección individual.
La experiencia contribuye a trabajar con más eficiencia y a reducir errores, pero no elimina los riesgos.
Mito 7. «Si trabajo con cuidado no necesito protección»
Trabajar siguiendo las medidas de precaución y prestando atención a la tarea es esencial para llevar a cabo el trabajo eficientemente y con seguridad, pero existen muchos riesgos que depende de factores externos a las capacidades de atención y actuación de la persona, como por ejemplo:
- Caída de materiales.
- Averías.
- Rotura de herramientas, estructuras.
- Errores humanos.
- Movimiento de maquinaria;
- Obstáculos inesperados.
- Actuaciones de otras personas en el entorno laboral.
- Condiciones ambientales.
- Etc.
Precisamente los EPI están pensados y diseñados para proteger contra situaciones o riesgos que no se pueden controlar.
Mito 8. «Ponerse el EPI hace perder tiempo»
Colocarse un EPI correctamente, habiendo recibido la formación correcta en su colocación y ajuste, supone unos segundos.
Dichos segundos que se invierten en colocar el EPI pueden evitar que se produzca una lesión que tenga como consecuencia semanas de baja laboral, operaciones quirúrgicas, secuelas permanentes o incluso la muerte.
Desde el punto de vista de productividad y de seguridad laboral, utilizar un EPI supone en todo caso una inversión de tiempo rentable.
Mito 9. «Nadie más lo utiliza»
En el entorno laboral, como en cualquiera en el que coincidan e interactúe un número de personas, el comportamiento grupal influye significativamente sobre la percepción de los riesgos.
Si las personas responsables y compañeros en la empresa utilizan correctamente los equipos de protección individual, el cumplimiento del uso correcto de los EPI aumenta considerablemente de forma natural.
Por el contrario, si el personal y responsables en conjunto normaliza el incumplimiento y se utilizan poco los EPI, acaba generándose una cultura preventiva deficiente.
Una buena cultura preventiva empieza por el propio ejemplo de la empresa y su personal en el cumplimiento de las medidas de prevención y seguridad.
Mito 10. «Los accidentes son cuestión de mala suerte»
En los accidentes intervienen múltiples factores con multitud de causas, por lo que no se puede concluir que la mala suerte sea la principal causa de que se produzcan.
Cuando una persona toma la decisión de no utilizar un EPI está eliminando la última barrera de protección prevista por el sistema preventivo para combatir el riesgo, por lo que se está expuesto o expuesta directamente al riesgo.
No utilizar un EPI no provoca necesariamente el accidente, pero sí aumenta considerablemente la gravedad de sus consecuencias.
Mito 11. «Los EPI tampoco protegen tanto»
Como se ha comentado en el mito 1, los equipos de protección individual seguros, certificados, que cumplen con la legislación, deben superar estrictos ensayos técnicos antes de poder comercializarse.
En este caso, para que un EPI brinde la protección deseada, debe estar seleccionado correctamente. Dicho proceso de selección es muy complejo, debiendo tener en cuenta múltiples factores, como por ejemplo:
- Sean adecuados para el riesgo, la persona, la tarea y el entorno de trabajo.
- Estén homologados.
- Se encuentren en buen estado.
- Se ajusten correctamente, según indique el fabricante.
- Se utilicen correctamente, según indique el fabricante.
- Se mantengan, cuiden y almacenen según indique el fabricante.
El fabricante diseña, fabrica y ensaya un equipo en cumplimiento de la normativa vigente, para brindar una protección en unas condiciones de uso y mantenimiento determinados. Es por ello vital conocer y seguir las indicaciones del fabricante para garantizar la eficacia del equipo.
Papel de las empresas en el fomento del uso del EPI
En este reto de enfrentarse a los mitos sobre el uso de los EPI, las empresas juegan un papel fundamental en acciones como, por ejemplo:
- Seleccionar equipos seguros y conformes con la legislación.
- Llevar a cabo una selección de los equipos en función de los riesgos, de la persona, del entorno de trabajo, la tarea, etc.
- Hacer partícipe al personal de la empresa, en el proceso de selección, poniendo en disposición de diferentes tallas, modelos, etc.
- Brindar formación adecuada de manera periódica a la plantilla sobre los EPI, los riesgos contra los que protegen, su ajuste, su uso, mantenimiento, cuidados, desecho, etc.
- Explicar el riesgo real asociado a cada tarea.
- Sustituir los equipos deteriorados.
- Integrar y fomentar una cultura preventiva en la empresa basada en el ejemplo.
Cuando una persona entiende por qué debe utilizar un EPI y dispone de un equipo cómodo y adaptado a sus necesidades, el nivel de cumplimiento aumenta de forma significativa.
Conclusión
Los equipos de protección individual (EPI) son la última barrera de protección contra aquellos riesgos que no pueden eliminarse mediante el resto de medidas preventivas. Sin embargo, su eficacia depende no solo de que sean equipos seguros y conformes con la legislación, sino también de que hayan sido correctamente seleccionados en función del riesgo, la persona, la tarea y el entorno de trabajo, y de que se utilicen, ajusten y mantengan siguiendo las instrucciones del fabricante. Como se ha visto, la mayoría de las excusas para no utilizar los EPI carecen de fundamento técnico y pueden incrementar significativamente la probabilidad y la gravedad de los accidentes laborales.
Por ello, promover el uso correcto de los EPI es una responsabilidad compartida entre empresas, fabricantes y trabajadores. Las organizaciones deben facilitar equipos adecuados, proporcionar formación e impulsar una cultura preventiva basada en el ejemplo y la participación de las personas trabajadoras, mientras que estas deben comprender que utilizar un EPI no es simplemente cumplir una obligación legal, sino adoptar una medida esencial para proteger su salud y su vida. Al fin y al cabo, el mejor equipo de protección individual es aquel que se utiliza correctamente siempre que existe un riesgo.
Los equipos de protección individual (EPI) son la última barrera de protección contra aquellos riesgos que no pueden eliminarse mediante el resto de medidas preventivas. Aunque la tecnología ha evolucionado y actualmente existen EPI más cómodos, ligeros y eficaces, todavía permanecen en el mundo laboral mitos que tienen como consecuencia un uso incorrecto de los EPI o incluso que no se utilicen. Como se ha comprobado, dichos mitos para no utilizar los EPI carecen de fundamento técnico y pueden aumentar considerablemente la probabilidad y gravedad de los accidentes laborales.
Una buena prevención comienza cuando el uso de EPI deja de verse como una obligación y pasa a convertirse en un hábito integrado en la cultura preventiva de la empresa. Porque ningún trabajo urgente, ninguna rutina y ninguna experiencia justifican asumir un riesgo que pueda evitarse de una manera tan sencilla como utilizando el equipo de protección adecuado.
Al final, el mejor EPI es el que se lleva puesto cuando realmente hace falta.




