La protección ocular es uno de los factores más importantes en la prevención de riesgos laborales. En una gran cantidad de entornos laborales, la protección de los ojos se asocia principalmente con riesgos a priori más evidentes, como por ejemplo impactos de partículas, polvo o salpicaduras de productos químicos. No obstante, es muy importante tener en cuenta otros riesgos igualmente evidentes e importantes que puede perjudicar de manera grave a las personas trabajadoras: son las radiaciones no ionizantes, como radiación ultravioleta (UV), infrarroja (IR), radiación solar, radiación en operaciones de soplado de vidrio, etc.

Estas radiaciones, tanto naturales como artificiales, están presentes en multitud de procesos industriales y tecnológicos. En muchos casos, estas radiaciones no son visibles o sus efectos no se perciben inmediatamente, por lo que se tiende a subestimar su importancia y peligrosidad, ya que la exposición prolongada a determinadas radiaciones puede provocar daños oculares graves e incluso irreversibles.

Por ello, la prevención y el establecimiento de medidas de protección contra las radiaciones ópticas constituye un aspecto clave en las políticas de seguridad y salud en las empresas. Además, la legislación, tanto a nivel europeo como a nivel estatal, establece requisitos claros para evaluar los riesgos y adoptar medidas de protección adecuadas. Entre las medidas a tomar a cabo, los equipos de protección individual de protección ocular son un elemento imprescindible como última barrera de protección contra la exposición a estas radiaciones.

En este contexto, normas técnicas como la norma EN ISO 16321-1 establecen los requisitos que deben cumplir los protectores oculares y faciales para brindar una protección adecuada contra diversos riesgos, incluidos los derivados por la radiación, garantizando que estos equipos son conformes con los requisitos esenciales de seguridad y salud del Reglamento (UE) 2016/425.

Las radiaciones ópticas y láser como riesgo laboral

Las radiaciones ópticas y láser forman parte del espectro electromagnético y abarcan un rango de longitudes de onda que se mueve desde la radiación ultravioleta (UV), pasando por la radiación del espectro visible hasta la radiación infrarroja (IR), además de las radiaciones láser que se pueden producir a diversas longitudes de onda. Todas estas radiaciones se producen de manera natural, pero también pueden generar artificialmente en diversos y numerosos procesos industriales, tecnológicos y en investigación científica.

Algunos ejemplos de fuentes de radiación en el ámbito laboral pueden encontrase en maquinaria, equipos de iluminación, dispositivos láser, procesos térmicos de alta intensidad, etc. La exposición a las radiaciones depende de diversos factores, como la potencia de la fuente emisora, la distancia de la persona respecto a la fuente de emisión y el tiempo de exposición.

Uno de los aspectos que hace que estas radiaciones sean especialmente peligrosas es que, en muchas ocasiones, no se suele percibir el riesgo de forma inmediata, ya que muchas radiaciones no son visibles y algunas tampoco producen efectos inmediatos en los ojos, sino que dichos efectos sean acumulativos y se manifiestan con el tiempo.

Los ojos son órganos especialmente sensibles a la radiación, ya que su función precisamente consiste en captar la luz. Las diferentes partes del ojo, como la córnea, el cristalino o la retina, reciben diferentes longitudes de onda del espectro, siendo por ello vulnerables a las radiaciones, pudiendo sufrir diversos tipos de lesiones.

Sectores laborales donde existe exposición a radiaciones ópticas

La exposición a radiaciones ópticas y láser no se circunscribe únicamente a un sector de actividad. Al contrario, están presentes en una gran variedad de actividades y sectores, destacando aquellos en los que se utilizan fuentes de luz intensa, de calor o radiación ultravioleta.

A continuación, se muestran algunos ejemplos de actividades y/o sectores donde nos podemos encontrar dichas radiaciones:

  • Procesos de soldadura: Es una de las actividades más conocidas por la presencia de radiaciones, especialmente ultravioletas (UV) e infrarrojas de gran intensidad. Dichas radiaciones pueden provocar lesiones graves en pocos segundos si no se utilizan equipos de protección individual de protección ocular adecuados.
  • Industria metalúrgica y siderúrgica: En este sector de actividad se presentan riesgos de exposición a la radiación significativos. En procesos de fundición y manipulación de metales a altas temperaturas se generan radiaciones IR que pueden producir daños tanto en los ojos como en la piel.
  • Industria de vidrio y cerámica: Los hornos industriales utilizados en estos procesos emiten grandes cantidades de radiación infrarroja, y en el caso del vidrio también radiaciones en la línea de emisión de sodio (589 nm). Estas radiaciones pueden ser perjudiciales para los ojos y por ello también se deben utilizar equipos de protección ocular. De hecho, como novedad, la norma EN ISO 16321-1 ha dedicado un apartado de requisitos específicos para los filtros oculares de protección contra operaciones de soplado de vidrio que se utilicen en los equipos de protección.
  • Sector sanitario y laboratorios: Se pueden encontrar radiaciones ópticas, por ejemplo, por el uso de lámparas ultravioleta utilizadas para esterilización o desinfección, equipos de diagnóstico o tratamiento médico. También se puede producir exposición a dispositivos láser.
  • Industria electrónica y manufactura: En diversos procesos industriales se puede producir radiación producida por láseres industriales utilizados por ejemplo en procesos de corte, grabado o medición de alta precisión. Pueden emitir radiaciones extremadamente concentradas provocando como consecuencia un riesgo importante para los ojos.
  • Iluminación profesional y producción audiovisual: En estos sectores se pueden producir riesgos asociados a fuentes de luz de alta intensidad, como proyectores o sistemas de iluminación especializados.
  • Sector construcción, logística, transporte: Aunque en muchas ocasiones es un riesgo que puede subestimarse, en sectores, como la logística, la construcción o el transporte, en los que se llevan a cabo tareas al aire libre, las personas están expuestas a la radiación solar, sobre todo en los meses de verano. Como bien es sabido los ojos también pueden sufrir lesiones, al estar expuestos a la radiación solar, sobre todo por luz muy intensa y su componente ultravioleta, más elevado en verano.

Con este listado de sectores o actividades se pretende mostrar una serie de ejemplos que evidencian una gran diversidad de entornos demostrando que la exposición a radiaciones ópticas es un riesgo transversal que puede afectar a numerosos sectores productivos y una gran cantidad de personas.

Efectos de las radiaciones en los ojos

Los efectos de las radiaciones sobre los ojos dependen principalmente del tipo de radiación, intensidad y duración de la exposición. Los diferentes rangos de longitud de onda de las radiaciones interactuarán de diferente manera con las distintas estructuras oculares, produciendo por tanto una variedad de lesiones. A continuación, se muestran algunos ejemplos en función del rango de longitud de onda de las radiaciones:

  • Radiación ultravioleta: Una exposición intensa puede provocar fotoqueratitis, una inflamación dolorosa de la córnea, manifestándose con síntomas como lagrimeo, sensibilidad a la luz, sensación de arena en los ojos y visión borrosa. La fotoqueratitis es un tipo de lesión comparable a una quemadura solar en la superficie del ojo, y puede aparecer pocas horas después de la exposición.

En exposiciones repetidas o prolongadas, la radiación ultravioleta también puede conducir al desarrollo de cataratas, una opacidad del cristalino que se va produciendo de manera progresiva, reduciendo la capacidad visual.

  • Radiación visible intensa: Puede afectar a la retina, de manera especial cuando se produce por fuentes muy brillantes como en procesos de soldadura o láseres industriales. En estas situaciones, esta radiación puede dañar las células oculares, provocando alteraciones visuales que pueden ser incluso permanentes.
  • Radiación infrarroja: Principalmente puede producir efectos térmicos. Al absorber el ojo la radiación infrarroja, la energía se transforma en calor, pudiendo provocar daños en la córnea o cristalino. En entornos industriales con altas temperaturas, como hornos metalúrgicos o de vidrio, la exposición prolongada a radiación infrarroja se ha relacionado con ciertos tipos de cataratas.

Como se puede comprobar, un aspecto a tener en cuenta es que las lesiones y daños se producen por acumulación de exposición prolongada en el tiempo. La exposición repetida a niveles moderados de radiación puede provocar efectos crónicos que solo se manifiestan después de años.

Por este motivo es tan importante la prevención y la protección para evitar daños irreversibles en la visión.

La protección ocular como medida preventiva

La actividad preventiva contra las radiaciones, como contra cualquier otro riesgo en el entorno laboral, se basa en un enfoque jerárquico, llevando a cabo medidas preventivas y de protección colectiva, como por ejemplo, el aislamiento de las fuentes de radiación, instalación de barreras de protección, automatización de procesos, etc.

Sin embargo, en muchos casos no es posible eliminar la exposición al riesgo. Cuando esto ocurre, los equipos de protección individual son la medida de protección esencial necesaria para garantizar la seguridad y salud de las personas que puedan estar expuestas al riesgo.

Los equipos de protección individual de protección ocular están diseñados para actuar como una barrera entre la fuente de radiación y los ojos de la persona. Su función principal es reducir o bloquear la transmisión de diferentes longitudes de onda, según el riesgo, evitando que la radiación alcance las estructuras oculares.

En función del riesgo contra el que se necesite proteger, los EPI de protección ocular pueden ser de diferentes tipos, como gafas de protección, pantallas faciales, etc., con filtros especiales (como UV, solares, IR, contra soplado de vidrio, láser, por ejemplo).

Equipos de protección ocular conformes a la normativa

Para garantizar que estamos adquiriendo un equipo de protección ocular seguro, que va a brindar las prestaciones de protección adecuadas, conforme con la legislación, como el Reglamento (UE) 2016/425, existen normas técnicas que establecen los requisitos que deben cumplir estos productos, que son una herramienta que utilizan los fabricantes para el cumplimiento con los requisitos de seguridad del Reglamento. En la protección ocular y facial la norma de referencia es la norma EN ISO 16321, sobre requisitos generales para los protectores oculares y faciales utilizados en entornos laborales. La Unión Europea establece que el cumplimiento de esta norma tiene presunción de conformidad con los requisitos esenciales de seguridad y salud del Reglamento (UE) 2016/425.

Esta norma establece criterios técnicos relacionados con múltiples aspectos las prestaciones de los equipos de protección ocular y facial. Entre ellos se incluyen la calidad óptica de las lentes, resistencia contra impactos, entre otras muchas prestaciones y también establece requisitos para los filtros de protección contra diferentes tipos de radiación. Los filtros deben ser capaces de reducir la transmisión de radiación hasta niveles seguros, sin comprometer la capacidad de visión de la persona, por lo que deben existir un equilibrio entre protección y calidad visual, para que se puedan llevar a cabo las tareas de trabajo con precisión, eficiencia, seguridad y comodidad.

La norma EN ISO 16321 establece requisitos para los filtros contra diferentes tipos de radiaciones, como las que se muestran a continuación:

  • Filtros UV.
  • Filtros IR.
  • Filtros solares.
  • Filtros contra operaciones de soplado de vidrio.

Para los requisitos de prestaciones de los equipos de protección contra radiación láser existe una norma específica, la norma EN ISO 19818.

Además, ambas normas contemplan ensayos específicos para verificar que estos equipos brindan protección tras estar sometidos a diferentes ensayos en condiciones determinadas de uso, condiciones ambientales, de actividad, etc.

Además, las normas también establecen requisitos de marcado que permiten identificar que los equipos cumplen con los requisitos normativos, y han superado los ensayos establecidos para evaluar sus prestaciones, por lo que podemos tener la garantía de que van a brindar la protección adecuada deseada.

Por ello, los protectores oculares conformes con la normativa ofrecen garantía de seguridad y fiabilidad, siendo una herramienta esencial para brindar la última barrera de protección contra los riesgos a los que los ojos puedan estar expuestos.

Conclusión

La exposición a radiaciones ópticas en el ámbito laboral constituye un riesgo de gran importancia que, sin embargo, en muchas ocasiones, pasa desapercibido frente a otros peligros más evidentes. Estas radiaciones están presentes en una múltiples y diversos sectores y actividades, desde operaciones de soldadura o industria metalúrgica hasta el ámbito sanitario, e incluso trabajos al aire libre. Estas radiaciones a menudo son invisibles, con efectos que pueden manifestarse de forma acumulativa, por lo que por este motivo son a menudo subestimadas, a pesar de poder provocar daños oculares e incluso irreversibles. Esto pone de manifiesto la importancia de identificar adecuadamente las fuentes de radiación en los entornos laborales e implementar medidas de prevención y protección.

En caso de que las medidas preventivas y de protección colectiva no sean suficientes, los equipos de protección ocular son la última barrera entre la persona y el riesgo al que está expuesta. Para proteger contra radiaciones, existen equipos, conformes con la legislación y normativa, diseñados con filtros específicos para diferentes tipos de radiación que permiten reducir dicha radiación hasta niveles seguros, sin comprometer la capacidad de visión.

En definitiva, integrar todos estos aspectos dentro de la cultura preventiva permite abordar aquellos riesgos menos visibles para tomar las medidas de protección necesarias, y avanzar hacia entornos de trabajo más seguros y saludables.