Trabajar en entornos fríos no es sólo una cuestión de confort. A partir de temperaturas inferiores a 5 °C pueden aparecer efectos adversos para la salud de las personas que desarrollan su labor en estas condiciones. Sectores como logística en frío, industria alimentaria, construcción en invierno, mantenimiento exterior o trabajos en cámara frigorífica son buenos conocedores de que el frío puede ser un agente físico importante que puede poner en riesgo la salud, la seguridad y la productividad.

El frío afecta al cuerpo humano generando un desequilibrio térmico: el organismo pierde calor más rápido de lo que puede generarlo o conservarlo. Esa pérdida puede afectar funciones motoras, cognitivas, circulatorias, y generar lesiones específicas como hipotermia, congelación, o trastornos músculo-esqueléticos. Por ello, es fundamental reconocer este riesgo, evaluarlo adecuadamente y aplicar medidas preventivas, incluyendo la utilización de los equipos de protección individual (EPI) adecuados).

¿Qué factores se pueden tener en cuenta para la protección contra el frío?

A continuación, se muestran una serie de factores clave que se pueden considerar para poder brindar protección contra el frío al personal laboral. Estos factores se pueden agrupar en tres bloques: climáticos (temperatura, viento, humedad, contacto con superficies frías), individuales (estado físico, metabolismo, aclimatación) y características del puesto (actividad física, duración, pausas, envolvimiento térmico).

Evaluación de las condiciones del entorno y la tarea

La temperatura ambiente no es el único factor a considerar para evaluar las condiciones de frío a las que se puede estar expuesto/a. Factores como la velocidad del viento, la humedad y la propia tarea laboral afectan a la pérdida de calor y al impacto condicionan la pérdida de calor y el impacto sobre la persona.

Por ejemplo:

  • Una temperatura de 4 °C con viento moderado puede tener un efecto de sensación térmica mucho más bajo y, por tanto, mayor pérdida de calor que otra sin viento.
  • Si la humedad es alta o la persona trabaja con ropa húmeda por sudor, condensación, agua, etc., la pérdida de calor se puede multiplicar. El agua extrae calor del cuerpo hasta 25 veces más rápido que el aire seco.
  • El nivel de actividad genera calor interno: Llevar a cabo una actividad física genera calor (cuanto más alta la actividad, mayor calor) y debiendo, en consecuencia, considerar aislamiento externo menor o mayor en función de la intensidad de la actividad.

Por todo ello, es esencial llevar a cabo una evaluación precisa y detallada del ambiente de trabajo, tanto si es exterior como interior, si se lleva a cabo en cámara frigorífica, almacén, obra, etc., de la tarea a realizar y de la vestimenta prevista es el primer paso para una protección adecuada.

Circunstancias de la persona

Las condiciones individuales de cada persona que va a realizar el trabajo en condiciones de frío también influyen en dicho riesgo. Por ejemplo, personas con ciertas enfermedades, como endocrinopatías, diabetes, hipertensión, o que toman medicamentos que afectan la termorregulación pueden ser más susceptibles al frío.

Otro factor que influye en la termorregulación es el envejecimiento, reduciendo la capacidad del organismo para autorregularse térmicamente, provocando que las personas de mayor edad sean más vulnerables a hipotermia o congelación. Además, la pérdida de destreza física o movilidad debido a la edad reduce la capacidad de respuesta ante el frío o ante tareas en entornos fríos.

En consecuencia, la evaluación del riesgo térmico no debe ser igual para todo el personal laboral, debiendo aplicar los factores específicos respecto a las características de la persona, como condiciones de salud, nivel de aclimatación, edad, etc.

Tomar en cuenta estos factores orienta la selección de los EPI y las medidas organizativas, como llevar a cabo pausas más frecuentes, llevar ropa personalizada, formación específica, etc.

Efectos del frío: Mucho más que un resfriado”

En muchas ocasiones, cuando se piensa en los efectos del frío se piensa en un resfriado, dedos entumecidos, dolores musculares, etc. Pero realmente pueden ser mucho más diversos. A partir de temperaturas por debajo 5 °C puede haber consecuencias para la salud como, por ejemplo:

  • Trastornos músculo-esqueléticos: tendinitis, lumbalgias, etc.: Son la primera causa de baja en sectores en los que se trabaja en condiciones de frío.
  • Enfermedades respiratorias.
  • Enfermedades cardiovasculares.
  • Enfermedades articular-metabólicas.
  • Congelación.

Por ejemplo, el enfriamiento de tejidos celulares reduce la fuerza muscular: por cada grado de temperatura muscular perdido, la fuerza de contracción puede disminuir entre un 2% y un 4%.

Todas estas consecuencias e implicaciones provocan que una exposición al frío no produce únicamente efectos agudos sobre la salud, sino también efectos acumulativos (fatiga térmica, reducción de rendimiento, aumento riesgo de errores, bajas laborales por trastornos músculo-esqueléticos), requiriéndose tener una visión de prevención integral.

EPI como herramienta esencial para combatir el riesgo: no basta con un abrigo

La Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales establece que se debe evaluar el riesgo y aplicar las medidas preventivas oportunas. Si el riesgo persiste, es obligatorio utilizar EPI adecuados.

En condiciones de exposición al frío, un simple abrigo no es suficiente. Es esencial que la prenda que se utilice esté ensayada, cumpliendo con un nivel de aislamiento térmico que garantice el equilibrio térmico del organismo sometido a las condiciones reales de trabajo. Valores como “IREQ” brindan información sobre el aislamiento requerido para la ropa, en función de factores como temperatura, actividad, ventilación, etc.

Es por ello que la selección de la prenda debe llevarse a cabo con criterios técnicos, como el aislamiento, viento, humedad, tiempo de exposición, número de capas, etc. Asimismo, también es esencial seleccionar una prenda en estado óptimo y limpia, que presente roturas ni desgaste.

Existen actualmente una serie de normas específicas para prendas de protección contra el frío:

  • Norma EN 14058: Sobre protección para temperaturas entre 10 y –5 °C.
  • Norma EN 342:2017: Sobre protección para temperaturas entre –5 y –50 °C.

En dicha normativa, se indican valores de resistencia térmica (Rct), permeabilidad al aire (AP) y otros criterios.

Asimismo, se recomienda una estrategia de utilización de capas: capa interna transpirable, capa intermedia de aislamiento, capa externa cortavientos/impermeable. Esta estrategia permite adaptar la vestimenta al nivel de actividad, al frío y a la humedad.

Es importante que las prendas no queden ajustadas al cuerpo, ya que reduce la circulación, ni que sean tan voluminosas que impidan el trabajo.

Por tanto, la ropa de protección contra el frío no es únicamente un abrigo, sino una combinación de ropa de protección, capas, materiales, ventilación y movilidad, de manera conforme con la normativa aplicable.

Protección de extremidades y resto del cuerpo

Contra el frío, no se debe proteger únicamente el tronco del cuerpo con ropa de protección, también se deben proteger la cabeza, el cuello, las manos y los pies, ya que, además, son zonas muy vulnerables al frío.

Protección de la cabeza: Se estima que la pérdida de calor por la cabeza puede representar hasta un 50 % del calor corporal en algunas condiciones. Por tanto, es fundamental utilizar protección de la cabeza, gorro de lana, pasamontañas, etc.

Protección de manos y brazos: La protección se consigue mediante el uso de guantes de protección, cuya norma de referencia es la EN 511 sobre guantes de protección contra el frío hasta los -50 °C. Dicha norma establece requisitos para el frío por convección (aislamiento térmico) y frío por contacto (resistencia térmica a bajas temperaturas). Además, el guante se debe ensayar para determinar su resistencia a la penetración del agua.

Protección de los pies: Para la protección de los pies contra el frío se puede seleccionar calzado de seguridad, protección o trabajo, conforme con las normas EN ISO 20345, EN ISO 20346 y EN ISO 20347, respectivamente. Se recomienda que dicho calzado incorpore aislamiento contra el frío del suelo, marcado con el código “CI”, según indican las normas citadas.

Efectos del frio al funcionamiento de otros EPI

Otro factor a tener en cuenta es la modificación o alteración de los EPI debido al frío. Las bajas temperaturas pueden alterar las propiedades de aquellos EPI que no estén diseñados para condiciones de frío.

Los materiales plásticos, por ejemplo, se vuelven más rígidos a bajas temperaturas, lo que puede reducir la eficacia de cascos de protección, protectores oculares, etc. Por ejemplo, los protectores oculares pueden requerir ensayos a temperaturas más bajas para garantizar la resistencia a impactos a bajas temperaturas.

Por tanto, en entornos fríos no basta únicamente con seleccionar y utilizar los EPI adecuados, sino también es fundamental tener en cuenta la compatibilidad y la adecuación del resto de los EPI al ambiente térmico.

Conclusión

La exposición laboral al frío constituye un riesgo real que va mucho más allá de una simple incomodidad. Afecta al rendimiento, a la capacidad de reacción y, fundamentalmente, a la salud, pudiendo provocar desde trastornos músculo-esqueléticos hasta situaciones graves como la hipotermia o la congelación. Por tanto, la protección contra el frío se debe abordar desde una perspectiva integral, incluyendo la evaluación del entorno, la adaptación de la organización del trabajo, la formación de las personas y, especialmente, la selección adecuada de equipos de protección individual.

El uso de equipos de protección individual contra el frío, específicamente diseñados para su función, conformes con la normativa de aplicación, es esencial para brindar a los/las trabajadores/as la protección deseada contra el frío. Asimismo, es importante tener en cuenta que no sólo basta con proteger el tronco, es necesario proteger el resto del cuerpo, la cabeza, y extremidades, por lo que se deben utilizar los EPI correspondientes. También es importante que el resto de EPI sean compatibles con condiciones ambientales de bajas temperaturas, manteniendo su eficacia en dichas condiciones.

Llevar a cabo una actividad preventiva integral contra el frío no sólo previene problemas de salud y seguridad, sino que también mejora la productividad y calidad del trabajo y, en última instancia, el bienestar de las personas.

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